Embajadas

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miércoles, 22 de noviembre de 2017

PerVerso.






Estrofas de trazo duro;
directas, sin vaguedades;
conducidas por instinto
y escasamente loables.
Prescindiendo del decoro;
sin formas convencionales;
deslizan, groseramente,
intenciones poco amables.

Surcan sus garras lascivas
los recovecos velados
recreándose en el vicio,
corrompiendo e incitando,
a abandonar la mesura
y rendirse al arrebato
de unos cantos licenciosos
que desprecian el recato.

Socavando integridades
y eludiendo cortesías,
se instalan en lo más bajo
de una moral asediada,
y a ese umbral hostigado
harán frente con su ariete,
que ha de pugnar, incisivo,
ante la gesta iniciada.

No cesarán sus envites;
que no asumen estrecheces;
hasta hacer brecha en la plaza
e inundarla con sus huestes.
Y…, finalmente, rendida,
bárbaramente ocupada,
será, al punto, sometida
y al pillaje abandonada.



martes, 21 de noviembre de 2017

Lágrimas de realidad.






El dolor es la verdad, todo lo demás está sujeto a la duda.




John Maxwell Coetzee. (Profesor, escritor y traductor sudafricano)


domingo, 19 de noviembre de 2017

Septimus.





Siete años ya (se dice pronto) enhebrando perversiones en vuestra compañía. Siete años en los que esta ciudad situada fuera de margen ha ido dotándose de una identidad; para bien o para mal; particular y distintiva. Ciudad a la que, como a cualquier lugar que se precie, hay quienes llegan, quienes se van y quienes retornan de nuevo. Mi más sincero agradecimiento a todos vosotros por estar ahí; delante de vuestras pantallas; acompañándome, compartiendo mis desvelos y trasmitiéndome vuestra complicidad. GRACIAS de todo corazón.

Así mismo, creo que estas “bodas de lana” son un buen momento para recordaros que todo cuanto aquí queda consignado está a vuestra entera disposición. No me supone ningún tipo de problema que compartáis, dónde y con quién gustéis, los textos de mi autoría que, de forma un tanto subrepticia, suelo ir deslizando. Si los dejo aquí es con el afán de hacerlos públicos y, por lo tanto, de libre divulgación. No es necesario que me estéis pidiendo permiso cada vez que querías trasladarlos a vuestros propios destinos. Con que hagáis referencia a su origen; cosa que siempre habéis hecho; me doy por satisfecho. Si esto resulta válido en lo tocante a mis propios escritos, tanto más, si cabe, en relación al resto de apuntes y galerías que comparto y que, aunque procedan de fuentes muy diversas, todas ellas han sido extraídas de esferas publicas a las que cualquier persona puede tener acceso.

Por otra parte, aquellos de vosotros que ya tenéis una ligera idea de las disposiciones que rigen esta urbe, estáis al corriente de la decisión que tomé el año pasado de no responder a vuestros comentarios salvo en ocasiones muy concretas. Equivocadamente o no, estimé más oportuno dedicar el poco tiempo de que dispongo a ofreceros, de un modo más continuo y habitual, unas pequeñas pinceladas de mi enrevesado enfoque vital en lugar de prestar más atención a la cuestión epistolar y  hacerlo de forma más esporádica. Quiero pensar que he acertado en mis apreciaciones, sobre todo sabiendo que esta utópica demarcación ha llegado a generar en muchos de vosotros, no voy a decir que una dependencia, pero sí cierto hábito al que no os gusta renunciar. Valiéndome de la ocasión tan especial que se me brinda en un día como hoy, me gustaría compensaros un poquito (sobre todo a aquellos que, sin rendirse al desanimo y a pesar de mis silencios, habéis continuado expresando aquí vuestra opinión) animándoos a que aprovechéis esta entrada para dejar constancia; si ese resulta ser vuestro deseo; de cómo valoráis la evolución de este sitio. Qué os gusta y qué no, qué os falta y qué os sobra, así cómo qué derroteros podría seguir, a vuestro juicio, a partir de ahora. No digo que, de manifestaros en se sentido, vaya a poner en práctica todas vuestras sugerencias, pero podéis estar bien seguros de que tomaré buena nota de ellas, pues… que no me prodigue demasiado a la hora de interactuar a través de vuestros comentarios no quiere decir que no los tenga en cuenta.

Por de pronto, poco más que contaros. A corto plazo, lo único que tengo en mente es llevar a efecto una profunda restructuración estilística de este blog; enfocada, principalmente; a facilitaros un mejor acceso a su contenido a todos cuantos accedéis a él vía android y que, de un tiempo a esta parte, he constatado que cada vez sois más numerosos.

Ya para terminar, agradeceros una vez más vuestra presencia, apoyo y fidelidad; motores todos ellos que me animan a continuar dando forma a este espacio tan inverosímil como personal.


Una y mil veces… ¡¡¡GRACIAS!!! Sin vosotros no sería posible que existiera una Ciudad tras el Sol.





viernes, 17 de noviembre de 2017

Lánguida tarde de otoño.




- ¿Me acompañas? – dijo con aire de estar tramando algo.

- ¿A dónde? – inquirí expectante.

-  Al bosque.

- ¿Y eso? ¿No te parece que esta tarde se presenta un tanto gélida?

- Al contrario. A mí me parece ideal para perderse un rato en la espesura.

Accedí; más que por ganas; por curiosidad. Sabía que ella era de barajar varios motivos cuando decidía emprender alguna iniciativa.

Después de un largo paseo por entre la arboleda tapizada de hojas secas, acompañados en todo momento por una fina y persistente llovizna, regresamos al coche para volver a casa mientras el ocaso principiaba a anunciarse. Por mucho que aquel escenario se estuviera oscureciendo a ojos vista, ella no daba demasiadas muestras de querer irse. Arrebujada en el asiento del conductor, sacó la cabeza por la ventanilla y aspiró con fuerza aquel aire impregnado con el olor de la vegetación y la tierra mojada.

-  ¿Te sigue pareciendo que hace frío? – preguntó pasado un rato.

-  La verdad es que sí. Diría, incluso, que más que cuando salimos. – respondí sin el menor atisbo de fingimiento.

- En ese caso… conozco formas de entrar en calor.


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